Construir una cancillería acorde a las pretensiones de Hitler no es tarea fácil, Speer lo logra y con gran aceptación. La primera pregunta que vino a mi cabeza a raíz del texto es cómo al arte otorga poder, o mejor dicho cómo es que el máximo exponente de la dictadura totalitaria, otorga libre albedrío a Albert Speer, un arquitecto que ni siquiera era el mejor de su época en cuanto a talento y creatividad. Lo cierto es que Hitler le tenía especiales consideraciones que le permitieron desarrollar su trabajo, aunque presuroso y estrecho en agenda, con completa autonomía. De acuerdo al mismo Speer >>>…me pidió que le mostrara los planos una y otra vez, pero incluso en el caso de esta obra, destinada a su propio uso, se entrometió muy raramente en mi trabajo, dejándome las manos libres por completo… >>>
No hubo grandes presiones, apenas mínimas supervisión, podemos hablar de metas establecidas por el Reich y de la pretensión de monumentalidad, pero no de una inquisición directa y constante. Lo importante es qué hace posible tal fenómeno. Por una parte Nietzsche lo explica a través del arte, y lo define como> un poder transfigurador e inmanente de la vida, que sólo remite a sí mismo, y que por ello mismo tiene una función pragmática y existencial.
Dejando de lado la supuesta relación homosexual entre Speer y el Führer, me permito validar tal libertad de acción al poder del arte. El arte sirve en Nietzsche para justificar estéticamente la vida misma, y sirve en Hitler para exaltar sus pretensiones de grandeza y poder. Pero lo curioso aquí, es que Speer es el arquitecto artista que acorde su instinto construye un símbolo de poder para el poder de turno, tal hecho, le otorga mayor poder.

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